La joyería de luto

En el siglo XIX aparece la llamada “joyería de luto” que puso de moda, sobre todo en Gran Bretaña, la reina Victoria. En 1861, tras la muerte de su marido el príncipe Alberto, la reina se sumió en un profundo duelo que habría de durarle toda la vida. Desolada por esta pérdida, impuso un riguroso luto en la corte.

Así, la joyería de luto utilizará diferentes materiales negros, tanto naturales como sintéticos: azabache, obsidiana, ónix, caucho negro, ebonita, vulcanita, baquelita, plástico, etc. Con ellos, se fabrican cruces, camafeos, broches, motivos celtas, etc. 

En ocasiones, estas joyas guardaban el cabello del ser amado o se hacían, directamente con él. Era pelo humano con tratamiento lacado para fijarlo. A veces incluso se hacían iniciales con el cabello. Eran muy comunes los medallones guardapelo que podían colgarse en el pecho con una cadena o ser usados como broche sobre la ropa para llevarlos cerca del corazón.

En la imagen: anillo de oro, perlas y cabello humano perteneciente a George Washington (circa 1800), vendido por Sotheby’s.

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