La transformadora de corazones

Hacia finales del siglo V a. C., los filósofos consideraban que existían dos Afroditas diferentes: Afrodita Urania, nacida de la espuma después de que Crono castrase a Urano, y Afrodita Pandemos, la Afrodita común, la de todos (pan = todos, demos = pueblo), nacida de Zeus y Dione. 

Platón dará una explicación “práctica” a este doble origen, en su diálogo El banquete (180 d ss), señalando que existen dos Afroditas, una vieja y otra joven: una es hija de Urano y, por este motivo, se la llama Urania; la otra, más joven, es hija de Zeus y Dione, y es conocida como Pandemos, que es la Afrodita común. Con esta teoría, el filósofo explica que hay dos formas de amar diferentes: una que es noble y eleva las almas y otra que es ordinaria, siente atracción por el placer y refuerza los vínculos que unen el alma al cuerpo. La primera está a cargo de Afrodita Urania, la segunda pertenece al ámbito de Afrodita Pandemos. 

Además, este último, el amor de Afrodita Pandemos, está relacionado con la práctica sexual – tanto entre hombres como entre hombres y mujeres – mientras que el amor procedente de Urania, representa el amor intelectual y solo se encuentra, según el filósofo, en las relaciones entre hombres. Para Platón, el único amor “digno de ser alabado” es el que “nos induce a amar bellamente” y ese es, evidentemente, el que procede de la diosa Urania.

Imagen: “Venus Verticordia”* – Dante Gabriel Rossetti (1868)

*“Verticordia” significaba “la transformadora de corazones” y era uno de los epítetos de Venus, que aludía a la capacidad de la diosa de hacer que los corazones pasaran la lujuria a la castidad.

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