Un corazón de oro

Cantaba Neil Young, allá por los años 70, una canción que siempre me gustó: “Heart of Gold”*. En ella, decía que había dedicado su vida entera a buscar justamente eso: un corazón de oro. Y, a mí, aquello me resultaba muy intrigante. Yo tenía unos diez años y no comprendía qué era un corazón de oro ni tampoco me quedaba muy claro dónde lo estaba buscando, ¿fuera o dentro de sí mismo?

Un día, muchos años después, llegó a mis manos una turmalina maravillosa y mágica, un ejemplar similar al que aparece en la imagen que acompaña este texto. Y recordé aquella canción de Neil Young. El corazón de oro.

La turmalina es una gema muy especial porque presenta una gran variedad de colores, incluso dentro de un mismo cristal. Dependiendo del tono, recibe su nombre: así, por ejemplo, la rubelita es la turmalina rosa o roja, la indigolita y la paraiba son azules, la verdelita es la verde, la dravita la marrón, etc. Una que me gusta especialmente es la turmalina sandía, que es verde por fuera y roja/rosa por dentro o al revés. 

Esta gema es un ciclosilicato de fórmula química compleja, ya que puede tener diferentes proporciones de muchos elementos: Sodio, Litio, Aluminio, Hierro, etc., que a menudo son los que determinan el color de la misma.

Cristaliza en el sistema trigonal y suele formar prismas. Tiene una dureza de 7-7’5 en la escala de Mohs y puede ser de transparente a translúcida, presentando incluso ejemplares opacos como el chorlo o turmalina negra. 

En cuanto a su contexto geológico, está asociada a rocas ígneas ácidas (pegmatitas o granitos) y también puede presentarse como mineral accesorio en rocas metamórficas (gneis o mármoles).

Las más valoradas son las que se encuentran en Minas Gerais (Brasil), que suelen ser de muy buena calidad y aparecen en todas sus variedades; pero también hay turmalinas en Rusia, Sri Lanka, Myanmar, Madagascar, Namibia, etc.

Así pues, un día, observando una turmalina espectacular recordé la canción de Neil Young. Entonces, ya era un poco más mayor – un poco 😉 – y ya comprendía lo que era un corazón de oro, porque había tenido la suerte de encontrar algunos en mi camino y porque yo misma estaba trabajando en el mío para que, un día, pudiera llegar a serlo. 

 Un corazón de oro, ahora lo sé, no se busca. Un corazón de oro se crea, se pule y se ofrece. Y resulta que eso -todo eso-… se parece mucho a la felicidad.

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*Neil Young: Heart of Gold (con subtítulos en español)

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